Füta Malón: El ultimo alzamiento general del Ngulumapu

El Füta Malon de 1881 fue uno de los últimos intentos del pueblo Mapuche por liberarse del pesado yugo del estado chileno a finales del XIX, este levantamiento fue uno de los pocos de este siglo posterior al brillante liderazgo de Magñin Wenü que contó con la presencia de parcialidades Mapuche de la Araucanía, Williche y Pewenche; aunque desde luego los que iniciaron este levantamiento fueron los mapuche de la costa y el llano los cuales habían sufrido la mayor parte de la campaña de exterminio mal conocida como la “pacificación de la Araucanía”. Se cuenta que varios werken llevaron una cuerda de cuero con siete nudos lo que desde luego simbolizaba los días de alteración con los cuales se reunirían los mapuche en un llano donde se realizaría un Nguillatun previo al levantamiento, por supuesto la mayoría de los Weychafe asistentes a esta ceremonia sabían perfectamente los costos del alzamiento, y bueno según el mismo Pascual Coña cinco chilenos civiles que se destacaron además de ser soplones, un grupo de mapuche los tomaron en calidad de presos cuando salían de un bar, más tarde sus corazones sirvieron para desarrollar la rogativa.
Desde aquel día 5 de noviembre de 1881, los mapuches comandados por los lonko Esteban Romero (Truf-Truf), Melivilu (Maquehue), Epul (Tromen), Lienan (Temuko), Marileo Kolipi (Purén), Epuleo (Victoria), Millapán y Necul Painemal (Chol-Chol), Ñanco (Tirúa), Painecur (Tolten), Neculman (Lonquimay) y Namuncura (puelche), entre otros jefes militares, derramaron su sangre en los campos de batalla del Wallmapu intentado precisamente realizar un epopeya casi imposible: detener el avance de las fuerzas militares chilenas y evitar así la perdida de la independencia del pueblo Mapuche, aprovechando desde luego que la mayor parte del ejercito estaba en el norte. “Los jefes de las respectivas divisiones militares deben tener presente que el único objetivo es hacer desaparecer esas tribus i que, por consiguiente, se las debe hostilizar en todo sentido, es decir, tomándoseles sus animales, destruyéndoseles sus casas i aprisionándoseles sus familias i no dándoles cuartel a los indios que resisten…”. (Gregorio Urrutia).
Como el mismo Cornelio Saavedra afirmaba en una carta a Gregorio Urrutia “Estando actualmente el ejército argentino avanzando sus fronteras para dominar a las tribus de las pampas, procurará tomar conocimiento de aquellas ocupaciones, para facilitar la comunicación entre las plazas militares de una i otra República… y obtener el mayor éxito en las operaciones confiadas a ambos ejércitos (…)”. Pocas semanas después de fundado Temuco, comenzaron las primeras hostilidades. Aún no se unían los diferentes grupos mapuches a fin de preparar un plan de ataque común. Por tanto, se trataba de hostilizar al invasor. Se atacaban las caballadas cuando salían a pastar, se cortaban las líneas del telégrafo y se atacaban las caravanas de carretas que aprovisionaban a los fuertes militares recién instalados.
ATAQUE AL FUERTE DE LUMACO
“De madrugada se apostaron frente al poblado de Lumako varios cientos de guerreros mapuches. En caballos finamente a jaezados, las lanzas enormes con sus puntas de acero brillantes, las posiciones hieráticas y tensas de quienes saben que han de entrar en batalla. La tradición oral dice que los dirigió Luis Marileo Colipi, llamado simplemente Colipi, nieto de Lorenzo, fundador de Periodico Acracia Valdivia / 5
la dinastía. Estaban reunidos los mocetones y caciques de Purén, Los Sauces, Lumaco, Traiguén, Nehuelban y sus alrededores. “El 5 de noviembre, como a las 8 AM, los indios en número de 400, se presentaron delante de esta plaza para atacarla. El capitán Juan Barra con 45 hombres del escuadrón cívico de Lumaco, protegido por 20 infantes del batallón movilizado Ñuble, rechazó el ataque, pero los indios después de haberse retirado intentaron otro…En estos encuentros dejaron los indios 23 muertos, habiéndose muerto también varios soldados y heridos otros (…)” (Gregorio Urrutia). “En Lumaco ha sido donde los indios han hecho más fechorías, aún no se sabe el número de muertos, pero las noticias que traen los que han venido de allá no pasará de 300 ni bajará de 200. Tres veces han venido los indios a Lumaco, llegando su atrevimiento hasta acercarse a pie hasta los fosos y paredes del cuartel”. (El Mercurio, 1881).
“Los indios asaltaron los puntos inmediatos a Lumako. Temuco amagado por un gran número de indios. Hasta este momento se ignora el resultado de los combates. Los indios en número de cuatro o cinco mil se hallan a cuatro leguas de aquí. Hoy salió una división a perseguirlos. Los muertos por los indios en las inmediaciones de Lumaco pasan de cien. Imperial Bajo ha sido destruido completamente (…)”. (Telegrama del Comando del Ejército del Sur al Ministro de Guerra, Traiguén, 9 de noviembre de 1881).
ATAQUE AL FUERTE DE TOLTEN
“Durante nuestra estada en Toltén recibió Painemilla un mensaje de Calfupán. “Teneis que ayudarnos, vamos a asaltar el pueblo de Toltén”, me pedían los caciques Colihuinca, Painecur, Huichal y Carmona, los jefes del levantamiento. Yo me negué, les dije: “si queréis recibir derrota, andaos solos”. Más tarde nos contó un mensajero: “Cuando la insurrección llegó a Boca Budi, fue muerto el chileno José López por el cacique Painecur. En una canoa bajaba este con otros, entonces los alzados avanzaron desde las dos riberas contra ellos, invadieron las canoas y los ultimaron (…)” (Pascual Coña).
ATAQUE AL FUERTE DE IMPERIAL
“Señor Intendente de Valdivia y Lebu y Comandancia Jeneral de Armas de Algol. Ayer como a las 4 PM pasó el parte Carmona a don Jacinto Ríos que la indiada atacaría hoy en la noche. Esto es, señor Intendente, una cosa seria y es preciso que se tomen medidas mui enérgicas. Necesito tropas, armas, municiones para castigar a los indios. En Imperial se habían reunido 200 hombres, pero sin armas y tuvieron que abandonar el cuartel (…)” (Telegrama de Pascual López a Gregorio Urrutia). “Una terrible invasión de indios destruyó por completo Imperial, no escapándose más que la música y el cuartel. Más de 400 personas se encuentran aisladas en este pueblo, sin contar unas 80 que aún están ocultas en el monte. Se calcula en más de 200 el número de víctimas, contándose entre ellas el subdelegado de Imperial, Pascual López (…) El porvenir de Imperial ha desaparecido y si no se toman medidas oportunas puede contarse con que una de las regiones más hermosas ha desaparecido para la civilización. (Gregorio Urrutia).
ATAQUE AL FUERTE DE TIRUA
“Señor Intendente: Los motivos que originan las alarmas son las invasiones que después de destruir la población de Imperial, han atacado al sur del departamento de Cañete y que se encuentran ya en Tirúa… Si usted me pudiera mandar hombres y armas, sería un auxilio mui oportuno (…)”. (Telegrama de Manuel Carrera Pinto). “El primer encuentro tuvo lugar a una legua y media de Tirúa, en el borde del río del mismo nombre, en un lugar conocido como Loncotipai. A una primera descarga de fusilería cayeron 30 mapuches muertos y el doble de ellos quedo herido. La tropa estaba comandada por el capitán de milicias don José Luis Aguayo. Al día siguiente se produjo otro enfrentamiento en el fundo Relún, al oriente de Tirúa, donde murieron 42 mapuches. (Telegrama anónimo).
ATAQUE AL FUERTE DE ÑIELOL (GALVARINO)
La tropa que salió en perseguimiento de los weychafe que salieron a Curaco y Collipulli está de vuelta. Asegura el capitán de dicha compañía, don Honorindo Martínez, que no ha sido muy grande el número de indios que invadieron los campos de Collipulli y Curaco… El número de indios poco más o menos sería de 300, quedando unos 40 de ellos muertos y muchos caballos. “En el fuerte Ñielol se hallaba asilado el cacique Coñoepan, quien al tener la noticia del levantamiento general, se refugió allí con 60 mocetones contribuyendo a la defensa. Coñoepan, que es uno de los caciques más respetados de entre los abajinos, no ha consentido jamás en hacer armas en contra nuestra i por este motivo se le había ocultado el movimiento, a pesar de que su hermano Millapán era uno de los jefes de la insurrección (…)” (Gregorio Urrutia).
“En la noche del 9 llegaron los indios…los mapuches iban disfrazados de comerciantes, metían bulla con coligues y entonces hacían como que imitaban balidos de vaca y de oveja. Pero los guardias estaban previstos, sabían que eran los mapuches que iban a llegar, los habían vendido. Ahí murieron millares de mapuches y vinieron a morir muchos descendientes de Lumaco” (El Mercurio de Valparaiso, 1881).
ATAQUE AL FUERTE DE TEMUCO
Los mapuche que asediaban Temuco estaban organizados en tres fuerzas. De Tromen venía un contingente dirigido por Huentelao, Epul, Catrileo, Melillán… La segunda columna, la de los mapuches de Maquehue, Quepe y Toltén, estaba dirigida por Melivilu, Painevilu, Manquilef, Epuñam y Millañir, estos debían ingresar por el sur de Temuco. La tercera columna estaba formada por las agrupaciones de Truf-Truf, Cajón y participaban los del Llaima. Su jefe principal era Esteban Romero de Truf-Truf y Manuel Cotar de Llaima, todo ellos se ubicaron al pie del cerro Conunhuenu. A las 8 de la mañana 6 / Periodico Acracia Valdivia
del día 10 atacaron el fuerte Temuco en un número que se estima en más de 1.400 indios. Cayeron allí en combate 27 y sorprendidos algunas horas más tarde a corta distancia del pueblo dejaron muertos a tres caciques y 55 mocetones más, con lo que huyeron escarmentados. Tuvieron los indios en esos ataques más de 150 muertos.
“Mi abuelo Manuel Collio fue principalmente guerrero. Más que ninguna cosa le interesaba la guerra. Asistía con gusto a los malones de la Araucanía y de las Pampas. Cuando varios caciques dieron el asalto a Temuco, él tomó parte principal. Mandaba toda la gente que lo acompañaba. Vinieron los cacique Catrilaf, de Allipen, Curin de Dalcahue, Rañilaf de Quechereguas, Huenupan de Llaima y Pichulman de Río Negro… Acamparon un poco al norte de Temuco, allí los sorprendieron los soldados… Los caciques daban en los combates ejemplo de valor a sus mocetones. Por eso aquí murieron Collio, Cotar y todos los que lo seguían (…)” (Manuel Collio).
“Pillanlelbun, a las 8.40 PM. Señor Ministro de Guerra, no hai novedad, indios casi todos entregados. Toltén e Imperial tranquilos. Boroa y Truf-Truf han depuesto sus armas, indios amigos de Purén y Lumaco que me acompañan se vuelven hoi. Mañana salgo en expedición para castigar a Marimán y otros de las inmediaciones de Imperial que no se han entregado… Hoi se da principio a la construcción del Fuerte Chol-Chol, donde dejaré una guarnición de 225 hombres. No tengo noticias de Villarrica ni de Pitrufquen. Ejército sin novedad (…).Parte de Gregorio Urrutia, Revista del Sur, 15 de noviembre de 1881. “En este momento recibo el siguiente parte: el enemigo está pasando el Cautín con sus haciendas y familia. Todos los caciques alzados están haciendo lo mismo. Ha salido en su persecución una división de 500 hombres, compuesta de 200 infantes, 75 jinetes y el resto de muchos indios amigos. Millapán, que fue el jefe que atacó Ñielol, está preso.” (Gregorio Urrutia).
Finalizada la guerra del pacifico, el ejército chileno se dirige al sur considerando que la frontera seguía entando alzada luego del Füta Malón, con todos los saqueos que se produjeron en Perú (incluyendo violaciones de mujeres) los recursos del ejército se engordan invirtiéndose en las más modernas armas procedentes de EEUU y Gran Bretaña; al sur de Temuco se produce la última batalla formal entre el ejército chileno y los Weychafe de Epuef muriendo la mayoría, otros escapando a la cordillera, donde se desarrollaría una última campaña para usurpar los territorios pewenche. Resulta irónico si se piensa que la mayoría de los soldados que no murieron en manos de las lanzas mapuche, morirían en la guerra del pacifico o morirían en la guerra civil entre Balmaceda y el congreso (apoyada por Gran Bretaña). La gran mayoría de estos soldados que apoyaban al presidente murieron en manos de los pocos militares de la armada que contaban con las primeras armas de repetición que el mundo había visto. La ocupación del Ngulumapu se materializa como la peor masacre cometido por el estado contándose 40.000. Por último el dato más aterrador es que finalmente el estado chileno nunca le declaro formalmente la guerra al pueblo Mapuche.
MARRICHIWEW
Armin K.

(En Acracia N°48 Noviembre 2015)

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