Nota editorial Acracia N°71 (octubre 2017)

GRUPOACRACIA2017NOTA EDITORIAL

Nada tan desalentador como el panorama cultural que ofrecen las y los anárquicos en la región chilena, llena de prejuicios, verdades totalizantes, elogios a la ignorancia deliberada y a la báltica. Siempre pendientes en criticar las acciones del otro anárquico que se desvive en la okupa, en la barricada o tras algún medio de contrainformación, solo por el hecho de que sus posturas teórico/prácticas no coinciden en su totalidad. Situación lamentable que es sintomática de las configuraciones culturales chilenas heredadas durante cientos de años de dominación patriarcal/capitalista/estatal. Lamentablemente esto imposibilita desarrollar no solo un trabajo colectivizante sino que también generar las bases mínimas para el entendimiento. A esto debemos sumarle la gran cantidad de personas poco honestas que llegan a las filas anárquicas a dar bote, calentar asientos y generar debates sin sentido, principalmente o porque son marxianos, o feministas, o cualquier otra clase de materialistas históricos y dialécticos, y/o que poseen una visión mecanicista de las cosas, impregnada de la clarividencia del quehacer para el futuro revolucionario. Hay compañeras y compañeros que no solo les falta informarse bien sobre lo que es o no el anarquismo, sino que también humildad y empatía. Todas y todos estos dicen querer destruir esto, cambiar esto otro, deconstruir tal o cual bla bla bla… Sin embargo lo siguen conservando al continuar realizando y generando relaciones de discriminación, control y sometimiento, con sus modos de vivir, sin que cambie nada, a muchos de estos se les ha dado bastante bien ser yuta. El deseo que cambie nuestro modo de relacionarnos con nosotros mismos y con el entorno, no es por efectos mágicos y no basta por sí mismo. Lo único que haría un cambio cultural hacia el buen vivir y la anarquía, es la transformación de nuestro entendimiento y, por lo tanto, de nuestro hacer.

Claramente las opciones que tenemos las y los anarquistas para salir de este círculo vicioso son pocas y tremendamente duras, requieren audacia y coraje para de generar en nuestro vivir una transformación, abandonando a quienes se imponen generando desconfianza, control, discriminación y dominación, y al tiempo que abandonamos estos, debemos reforzarnos con quienes nos generan co-inspiración y colaboración en el mutuo respeto de nuestras diferencias. Esto se logra solo en nuestro diario vivir configurado desde el amor, hasta que estos sentires íntimos se vuelvan de manera espontánea e inconsciente nuestra forma de vivir. Porque las cosas cuando se hacen, hablan por sí solas.

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