No hay soluciones mágicas en la revolución social.

(Artículo del periódico Acracia N°77)
Mucho siempre se hablado sobre la revolución social, y cambiar al mundo. Unos tienen el poder, y nosotros tenemos que arrebatarlo. Ese es un discurso que se repite a lo largo de nuestra historia como humanos. Pero yo me pregunto, ¿basta acaso eso? ¿Basta con que el proletariado se alce de su opresión y llegue con su esfuerzo a decidir por sí mismo, y por el resto?

La revolución social puede que tenga que ser mirada desde un comienzo introspectivo, antes que masivo e impositivo, como lo que significa agarrar los chumbos, hacerse de los medios de producción e imponer uno las reglas que nos parezca mejor para que todos tengan con qué vivir. Parte desde una desición personal, no unos eruditos bien alimentados que saben lo mejor para “las masas”, y se avanza construyendo con el resto, con diálogo, y con acción. Concretamente, siento que es una decisión sobre caminar por ciertos valores, porque los valores que sientes tuyos y especiales, únicos. El anarquismo es un camino, más que un fin. Uno lo ve, y se maravilló de él. Tocas un poco esos rayitos de sol Ácrata, y te das cuenta que todo lo ilumina, y que todo lo puede iluminar. ¡Quieres gritarselo a todos! ¿Cómo es que no lo ven? Pero, aunque lo veas, sigues rodeado de una gigantesca sombra, y te das cuenta por primera vez que estás envuelta en ella desde que naciste. Caminas y te caes, ahora a sabiendas de la oscuridad y de la luz que vislumbraste, y te vuelves a caer luego de levantarte. Quizás ese destello se hace débil, apenas casi recuerdas lo que te significaba, pero sigues ahí, hablando de la luz, tratando de alcanzarla.

Muchos compañeros sienten el goce del anarquismo, su voluntad por hacer de los vivos un mundo más equitativo, con un ímpetu infinito capaz de luchar en las situaciones más adversas, pero aún así, se desvían de lo que admiran, de lo que creen y profesan. Se quedan anclados a la banalidad de criticar al resto, a la sociedad burguesa con sus valores de plástico y hormigón, mas cuando hay que ponerse la mano en el pecho y atacar con ese voraz afán que suelen utilizar para desnudar al resto con sus vicios, no son capaces de ver los propios frentes en donde uno, como persona individual y también colectiva, debe cambiar para estar acordes a la revolución social. Estos son quienes dan “mal testimonio” de nuestras creencias, para que la sociedad y prensa haga mierda incluso el significado mismo del anarquismo, que hoy en día, se cree que es sinónimo de caos y mera destrucción. ¿Qué pasaría con estos personajes, si el día de mañana, de un momento a otro, se llegase a esa revolución proletaria? ¿Se puede llegar a ese sol de la revolución social de un cohete rápidamente, o debe ser un avance colectivo pero también individual del ser? ¿Es el oprimido necesariamente un libertador al hacerse con el poder, o es un libertador al destruirlo? Entonces me pregunto, ¡¿Para que la dictadura del proletariado?! si yo como proletario quiero abolir las clases, y que no exista aquella distinción entre las personas, de que un grupo manda, y otro, calladito, obedece. No quiero que el anillo abandone como portador a Sauron y sus orcos para ser utilizado por los humanos, sino que quiero que sea destruido en el mismo volcán maldito donde fue forjado.

La lucha tampoco es quién es el más puro, con más espíritu santo, o revolución en su cuerpo y acción. Quizás solo haga falta que te entreguen tanto, tanto amor de niño, que puedes saber en tu corazón que la gente es buena y que sí se puede tener un mañana donde al otro no se le avasalle vilmente, donde la competencia cambie su significado y se pueda cooperar simplemente porque sí y porque deseas hacerlo, y dar apoyo incondicional a tu prójimo, para él alcance su libertad, sus gustos e inclinaciones sin la imposición de nadie. Y así como es un camino, están quienes les cuesta liberarse y sonreir al sol inmenso que alguna vez les tiró todos sus rayos encima y les gritó las verdades que jamás nuevamente podrán negar de corazón: no necesitas dominar a nadie, no necesitas que nadie te domine. Todo se resume a eso, y para que se cumpla, nuestra lucha debe ser social, colectiva, pero también individual, y familiar. No es instantáneo, no es mágico, pero por eso también que el discurso no es tan popular: ellos, la burguesía tiene la culpa, sí, pero nosotros, los obreros explotados, extraídos de plusvalor y agotados, también.

Diego Vásquez.
23559540_1601547549892578_679175718201252513_n

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s